Imaginá que sos un toro...
Sentí el escarnio al que sometieron a cientos, miles
de tus antepasados;
el languidecer de cada "ejemplar" paseado por la plaza, agujereado con
banderillas de colores y ensartado por la médula con un
sable bendecido
por el Rey.
Y en tu último hálito... te cortan la oreja y se la llevan de trofeo...
Imaginá, sentí y gritá... ¡Hay que tomar el asta, por los toros!
Silverio Méndez. Adriana Sarmiento Enríquez. Amirul Miah. Fabián Da Silva. Dionisia Barros. Jie Liang. Michael Brown. Hadi Sibidé. Rami Aldura. Marita Verón. Daniel Solano. Ellas. Ellos. Cientos. Miles. Millones. Ahora mismo. Ayer. Y mañana.
¿No sentís cómo se te aplasta el cuerpo? ¿No se te enfría la espalda con el hilo de sangre que baja desde tu nuca? ¿No se te hinchan los ojos de impotencia al saberte encerrado, esclavizado? ¿No se te cansaron las piernas de tanto correr escapando de tu tierra?
Y no. Nada de eso te pasa, muñeco. Porque para vos, cómo decirte, no es que todo eso no pasa, sino que estás convencido de que no es posible que no pase, de que es inevitable. Y naturalizás hasta tus propias náuseas. Esas también son inevitables, te decís, y no se puede hacer nada.
Pero mirá, leé con un poco de atención esto que fui encontrando en todo este tiempo, a ver qué te parece.
Discriminaciones y represiones en la ruta nacional. Corporaciones que indignan. Corporaciones que no indignan. Territorio buitre donde rige cualquier cosa, menos la ley nacional... (Este post lo escribe Nadia Soledad, amiga y compañera de Contraprensa -Facultad de Periodismo UNLP-)
Faltar a la ley no trae las mismas consecuencias para todos y todas
Hace unos meses tuvo gran repercusión un hecho que nos indignó a todos...
Un hospital, el Alende de Lomas de Zamora, escenario de una valiosa secuencia.
Sus trabajadoras y trabajadores (enfermeros, médicos y de otras áreas) exigen que se reconozca oficialmente a la Junta Interna de ATE que ellos eligieron democráticamente.
A su vez se suman a la campaña obrera y popular de apoyo a los trabajadores de Lear que luchan contra los despidos y suspensiones consumados por la multinacional yanqui en "sociedad" con el SMATA y el gobierno.
Y en medio de la serie de fotos para difundir esta campaña, un paciente del hospital no sólo acepta salir en la foto sino que levanta su puño sumándose al reclamo.
Solidaridad de clase, decimos. Y conciencia de clase, además, pese a los mil y un tropiezos de la vida (o ataques del capitalismo).
A propósito del 7 de junio, Día del Periodista en Argentina
¿Por qué nadie se pregunta por el sentido de la existencia
del periodismo? Simplemente la gente lee los diarios y escucha los noticieros y
siente que se está informando, que hay alguien en algún lugar que se encarga
por ellos de saber qué pasa y contarlo. Pero vivimos en una sociedad donde una
clase minoritaria tiene todo en su poder y donde una enorme mayoría no tiene
más que la posibilidad de ser explotado a cambio de su subsistencia. Es en esa
sociedad, dividida en clases, con explotadores y con explotados, donde algunos
ocupan ese lugar privilegiado de “saber qué pasa y contarlo”. Son los supuestos
personajes neutrales que, cuales dioses del Olimpo, ven todo lo que pasa en la
tierra, lo analizan y después dictan sentencia sobre lo bueno y lo malo.
Vivimos en un mundo en el que la palabra del periodista suele valer más que la
de un albañil, la de una enfermera o la un empleado de comercio. Y hasta el
mismo periodista se lo cree y asume el rol, encabezando hasta la más vil mentira
si es necesario para que la gente sepa “lo que hay que saber”.
“Es deber de la prensa abogar por los oprimidos que se encuentran a su alrededor. Su primer deber es socavar todas las bases del estado político existente, de la vieja burocracia, del viejo ejército, de la vieja justicia” (Karl Marx)
¿Debe existir el periodismo?
La pregunta es válida, toda vez que el periodismo nos
demuestra día a día que se puede ser poderoso vendiendo la palabra al mejor
postor. Si toda la tarea periodística se va a basar en recibir las órdenes,
decorarlas y producirlas para entregarlas acríticamente todos los días a la
misma hora y por el mismo canal, es legítimo pensar si realmente sirve para
algo sostener al periodismo y sus periodistas, comprarles sus diarios, sintonizar
sus emisiones y consumir sus supuestas verdades. Porque, en última instancia,
si no nos van a decir la verdad, ¿para qué les tenemos tanto respeto?
“Bajo el capitalismo, un periódico es una empresa capitalista, un medio de enriquecimiento, un medio de información y entretenimiento para los ricos, y un instrumento para engañar y embaucar a las masas trabajadoras. Nosotros hemos destruido ese instrumento de enriquecimiento y engaño. Hemos empezado a convertir a los periódicos en un instrumento para educar a las masas y para enseñarles a vivir y construir su economía sin terratenientes y sin capitalistas” (Vladimir I. Lenin)
¿Y entonces por qué somos periodistas?
Porque vemos esa sociedad divida en clases, y no nos
gusta. Porque somos parte de esa parte de la sociedad que, en la división, se
llevó la peor parte. Porque de a poco fuimos entendiendo que entre lo que se
hace y lo que se dice hay una relación dialéctica. Porque nos mintieron muchas
veces. Porque nos acallaron. Porque cuando gritamos nos dieron con el fierro en
la cabeza. Y porque sabemos que si todos supiéramos la verdad estaríamos en
muchas mejores condiciones para pelear por recuperar todo lo que nos
pertenece. Porque nos permitimos imaginar un mundo radicalmente opuesto a esta
miseria. Y por eso luchamos.
“la verdad es revolucionaria y porque uno es revolucionario es que se busca la verdad, y que se encuentra en ella un fragmento que permite atrapar la punta del ovillo, tirar de él y avanzar en la comprensión de este mundo en marcha que es necesario transformar” (Pierre Broue)
Y así, medio volando y medio bailando, nos convertimos en
responsables de contar. Porque vemos la verdad delante de nuestros ojos (que no
son tan distintos a los del albañil, a los de la enfermera, a los del empleado
de comercio) y ellos no la terminan de ver. Porque fueron bombardeados durante
tanto tiempo con la lacra mentirosa y maloliente que hoy les cuesta creer que
es posible otra historia. Una historia propia, donde ellos sean protagonistas y
donde el explotador, y el represor, y el capitalista, sean confinados al más
merecido bajofondo.
Eso sí, la verdad, que es revolucionaria, tiene que ser bien
contada, con las mejores palabras, con las más bellas expresiones, con lujos de
detalles. No podemos caer presa de acostumbramientos. Por una sencilla razón:
la explotación no va terminar porque digamos las cosas más bonitas, pero a los
explotados sí les interesa luchar por algo que valga la pena, algo bien
distinto a la gris monotonía de los gerentes y los gendarmes marcando el paso.
“… la gente al escribir olvida, casi siempre, ahondar en sí misma y percibir la importancia y la verdad de lo que están escribiendo. Creo que cada vez, cada día, en cada artículo hay que sentir y revivir la causa, entonces surgirán con facilidad palabras frescas, palabras salidas del corazón y que alcanzarían al corazón para la vieja causa. Pero uno se acostumbra a la verdad y recita las cosas más grandes y más profundas como un padrenuestro. Me propongo no olvidar jamás que cuando escriba debo entusiasmarme y abandonarme en lo escrito…” (Rosa Luxemburgo)
¿Qué periodistas para qué periodismo?
Atentos, para que no nos pase de largo la verdad. Curiosos,
para que cuando la encontremos le saquemos hasta la última gota de sentidos.
Fuertes, por si hay que correrla. Desconfiados, por si se entrega sin
resistencia. Abiertos, para enamorarnos de ella si es preciso. Locos, para
animarnos a contar hasta aquello que nos lastima.
Hace falta ese periodismo. Un periodismo que no piense en sí
mismo sino en las mayorías. Un periodismo que no se crea imprescindible. Un
periodismo que se nutra del sufrimiento y las penurias de las masas. Un
periodismo convencido de dar la batalla por dar vuelta la historia, aportando
lo que sabe. Que cuente lo mejor posible, cada vez a más personas, la verdad que va
construyendo el pueblo trabajador en su lucha cotidiana por dejar de,
solamente, subsistir.
Un periodismo asociado estratégicamente a las mayorías acalladas. Un periodismo que, en la inevitable hora de elegir y tomar partido, lo haga por los trabajadores y los sectores populares.
El periodista deberá ser un trabajador de prensa, ocupando un lugar tan privilegiado como peligroso y violento. Un trabajador, como el albañil, como la enfermera, como el empleado de comercio. Si no lo es, aunque sea un maestro de la palabra, estará confinado a la triste tarea (muy bien remunerada) de defender al sistema de opresión y explotación que lo ha empleado.
Entonces, feliz día a todas y todos quienes trabajan por ello...
* Se agradece a Nicolás Vigarelli por el aporte de la cita de Rosa Luxemburgo.
El conflicto en la multinacional española Gestamp, ubicada en Escobar, se convirtió en un verdadero laboratorio de la lucha de clases contemporánea en Argentina. Y un elemento central del conflicto es, ni más ni menos, la relación entre los trabajadores y sus conducciones sindicales frente a la crisis que está llevando a muchas patronales a cortar por lo más delgado, suspendiendo, rebajando salarios y hasta despidiendo obreros y empleados tanto de la industria como de los servicios.
Es entonces cuando vuelve a hablarse en los diarios, en las radios y en los canales de televisión, de la "burocracia sindical", esa vieja y conocida aliada de los explotadores. Ese legado que Perón le dejó a la clase trabajadora y del que todavía falta bastante para liberarnos.
El ejemplo del SMATA y los despedidos de Gestamp habla por sí solo. Y todavía hay algunos que preguntan qué es la "burocracia sindical".
Todos peronistas - Antonio Caló, Daniel Scioli,
Ricardo Pignanelli, Martín Insaurralde y Julián Domínguez
Para el ferviente kirchnerista Ricardo Pignanelli (discípulo del colaborador del genocidio José Rodríguez) los trabajadores que aceptan las "propuestas" (léase extorsiones) de las multinacionales multimillonarias, rebajándoles el salario a cambio de "no ser despedidos", son dignos laburantes peronistas.
Por el contrario, los obreros que no aceptan esa extorsión y pelean por mantener sus puestos de trabajo sin que se les sigan cayendo a pique sus sueldos ni sigan siendo degradadas sus condiciones de trabajo, son para Pignanelli "vagos y ladrones".
El dirigente del SMATA, que en su perra vida tocó un tornillo ni se ensució un mameluco, tiene un asco notable al ver que cada día son más los que no se comen el discurso propatronal y empiezan a luchar de forma decidida contra quienes pretenden hacerles pagar la crisis que crearon los mismos capitalistas. Cuando los obreros luchan contra las multinacionales y los gobiernos que están a su servicio (como el de Cristina Fernández y el de Daniel Scioli) no tardan en comprender que en el bando contrario también están las conducciones sindicales peronistas que hacen el papel de "policía interna" de la clase trabajadora (sobre esta acertada definición ver acá).
Eso es "la burocracia sindical". Es el propio canalla derechista Pignanelli el que la define con su odio visceral hacia los delegados de base y los trabajadores que luchan (a los que encima les saca parte de su sueldo para el sindicato sin siquiera hacer lo mínimo para defenderlos). Odio que se extiende hacia las organizaciones de izquierda y los organismos de derechos humanos que tienen principios y se solidarizan incondicionalmente con las víctimas de la brutalidad empresaria.
Muchos de esos canallas, casi 40 años después de las desapariciones forzadas de 30.000 compañeras y compañeros, hoy se sientan en la misma mesa, comen asados y levantan sus copas con quienes reivindican la figura, nada menos, que de Rodolfo Walsh y otros caídos en el genocidio. Sí, de Walsh, el mismo que le atribuyó sin ambigüedades a la burocracia sindical (entonces personificada en el vandorismo) "la organización gangsteril; el macartismo (“Son trotskistas”); el oportunismo literal que permite eliminar del propio bando al caudillo en ascenso; la negociación de la impunidad en cada uno de los niveles del régimen; el silencio del grupo sólo quebrado por conflictos de intereses; el aprovechamiento del episodio para aplastar a la fracción sindical adversa; y sobre todo la identidad del grupo atacado, compuesto por auténticos militantes de base"*...
De esa burocracia sindical se vale Cristina Fernández para intentar mantener a raya a los trabajadores. Siempre en beneficio de las patronales y sus gerentes.
A esa burocracia sindical le decimos que se va a acabar. Se va a acabar.
* Walsh, Rodolfo; "¿Quién mató a Rosendo?"; Editorial Tiempo Contemporáneo; Buenos Aires; 1969.
Mientras todos los reptiles estaban preocupados por los grafittis en los trenes de Randazzo, o por la avioneta tripulada por gerentes de grandes empresas caída en el Río de La Plata, o por la pelea de alcobas entre Maxi y Wanda; decenas de obreros que habían sido despedidos, de forma injusta y discriminatoria, por la multinacional autopartista española Gestamp que tiene su planta en Escobar (zona norte del Gran Buenos Aires), ingresaban a la planta y ocupaban las instalaciones en reclamo de que se respete sus elementales derechos. Nadie, hasta el momento, del gobierno nacional provincial, mostró la más mínima preocupación por cuidar los puestos de trabajo de estos operarios. Por el contrario, la Policía Bonaerense y la Gendarmería Nacional se convirtieron en los "mensajes" más claros del Estado que acude en defensa de esta multinacional y está dispuesto, al parecer, a escarmentar a sangre y fuego a los obreros que luchan con dignidad.
Pero estos trabajadores no están solos...
Por eso hay que brindarles todo el apoyo a estos trabajadores. Y a sus compañeras y mujeres que están poniéndose a la cabeza de la lucha en las puertas de la fábrica, iniciando una huelga de hambre por sus compañeros.
CFK a Caló: "escuché tu frase Antonio y yo no estoy de acuerdo con vos, no creo que sea así, no hay trabajadores que se mueran de hambre"...
(04/02/14) - Cristina Fernández de Kirchner en conferencia de prensa
CFK a sus íntimos: "obviamente los de la foto de la tapa de Página 12 no son trabajadores, son parte de esa masa humanoide gracias a la cual nosotros, la UIA, la Sociedad Rural, la Cámara de Comercio y de la Construcción, la COPAL y otros amigos podemos juntarla en pala. Nosotros somo trabajadores, chicos. No esos negros sucios que no tienen dónde caerse muertos. Coqui, Axel, tengo hambre, JAJAJAJAJAAAAAA"...
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Tras el motín policial que se produjo en varias provincias la semana pasada desde algunos sectores se instaló el debate sobre la constitución o no de sindicatos para los miembros de las fuerzas represivas del Estado.
Policías en acción - SIPOBA (Sindicato Policial Buenos Aires, adherido a la CTA)
“Si hubiese existido la sindicalización de la policía, esto no hubiese ocurrido”, dijo Hugo Moyano. La definición del líder de la CGT es acorde con el apoyo que le brinda al Sindicato de Policías y Penitenciarios (SinPoPe), un rejunte de milicos en actividad, retirados y hasta exonerados que se organizan para reclamar “mejores condiciones de trabajo”. Si para muestra basta un botón, alcanza con decir que el SinPoPe tiene como referente a Salvador Baratta, comisario retirado de la Bonaerense en cuyo prontuario figuran, por ejemplo, la participación en la masacre del Puente Pueyrredón en 2002, la represión en La Plata a los manifestantes que realizaban un escrache al genocida González Conti (secuestrador de Julio López en la dictadura) en 2006, y el desalojo y detención de los obreros de Kraft en Pacheco (Tigre) en 2009. Fue justamente por los servicios prestados a la multinacional yanqui que Baratta se ganó el aprecio de Sergio Massa y hoy es concejal de Lanús por el Frente Renovador. Una joyita.
¿Compañero policía?
Desde la CTA opositora, por su parte, también salieron a bancar la sindicalización policial."Es un derecho constitucional, porque el policía es un trabajador del Estado", dice Víctor De Gennaro, autor de un proyecto de ley para reglamentar la creación de esos sindicatos. Junto a Pablo Micheli, De Gennaro apoya al Sindicato Policial Buenos Aires (SiPoBA), que en abril de este año firmó su incorporación a la central sindical. El SiPoBA nació en 1998, en pleno auge de la “maldita policía” duhaldista y desde entonces, como lo hizo la semana pasada, también reclama “mejores condiciones de trabajo”.